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Mötley Crüe en Argentina: una tempestad de metal
Analía Lanzillota el 27 de Octubre de 2008Hacía falta mucho más que una lluvia torrencial para detener una fiesta metalera como la que se vivió durante la penúltima jornada del Pepsi Music 2008: Mötley Crüe se presentó por primera vez en la Argentina ante más de 20 mil fanáticos que, a pesar del agua y los relámpagos, saltaron y cantaron bajo una tormenta de adrenalina.

Si bien las primeras gotas ya se habían empezado a sentir en la previa, cuando Walter Giardino y los demás miembros de Rata Blanca tocaron durante un poco más de una hora temas de su nuevo disco El Reino Olvidado y algunos clásicos como “Chico Callejero” y “La Leyenda del Hada y el Mago” (con el que cerraron su show), la verdadera tormenta se desató cuando la banda californiana pisó el escenario.
A las 22.30, media hora después de lo previsto y con un público impaciente por la demora (a pesar de los anuncios acerca de este retraso que habían hecho los organizadores), fue el momento en que los primeros acordes de “Kickstart my Heart”, de su célebre Dr Feelgood (1989), se dejaron oír a través de la batería de Tommy Lee, el bajo de Nikki Sixx, la guitarra de Mick Mars y la voz de Vince Neil. A partir de ahí, ya nada se detuvo: ni la lluvia, ni el público enfervorizado, ni la magia de una banda del glam metal de los ´80 (esta vez sin sus peinados glamorosos ni su ropa tan ajustada y llamativa) que mostró que sigue viva.
Es que este entusiasmo no es sólo porque fue la primera vez que Mötley tocó en estas tierras sino porque sus seguidores, muchos de los que esperaron más de 20 años para verlos, eran escépticos a que la banda volviera a estar integrada por su formación original (aquella de 1981) luego de su última separación en 1999 y las grandes diferencias entre Tommy y Vince. Sin embargo, lo hicieron y esta vez, en la gira mundial para presentar su nuevo disco, también incluyeron una fecha en la Argentina.
Otra vez en el show. Mientras la lluvia seguía cayendo, y cada vez con más intensidad, siguieron con su “Wild Side” y después con el primero de los temas de su nuevo álbum, y que es el que le da nombre tanto al disco como a la gira: Saints of Los Angeles, el que fue utilizado por Vince Neil para autodenominarse Saints of Buenos Aires, porque vale aclarar que no era sólo el público el que estaba pasado por agua.
En medio de acordes de temas como “Live Wire”, “Sick Love Song”, “Red Hot” y “Motherfucker of the Year”, Tommy Lee llevó adelante uno de los momentos simbólicos de esta gira cuando, con una botella de whisky en la mano, se acercó al público, bebió unos sorbos y tras quejarse porque su micrófono no funcionaba, dijo algunas frases como “Este es oficialmente el mejor público con el que hemos estado” o “Amamos este hermoso país” (lo que repitió en otras oportunidades y que seguramente habrá repetido en otros lugares) y arrojó algunos vasos descartables con la bebida blanca a los espectadores.
La música siguió con su clásico “Don´t go away Mad” y estalló en forma desbordante con el himno “Same ol´ Situation”. Nadie podía dejar de saltar: ni los que aprovechaban los árboles y los puestos de los costados del campo para cubrirse de la lluvia ni los que estaban usando unas ridículas capas de plástico simulando ser pilotos, y mucho menos los que estaban chorreando agua a más no poder frente al escenario. Y mientras sonaba el coro del público, Nikki Sixx no dejo de agitar una bandera argentina. Un poco más de acting al show.
Tras bajar un poco los decibeles con “Primal Scream” y “Louder than Hell” y con algunos problemas en los micrófonos de Vince, empezó a retomar la pasión con “Look that Kill” y volvió a explotar con otro de sus himnos: “Girls, girls, girls”, y por si faltaba algo, con otro clásico, “Dr. Feelgood”.
Después de casi dos horas de metal, todo parecía haber terminado. Despedidas y elogios de por medio a un público que habían disfrutado un show soportando la lluvia como si nada estuviera pasando, los cuatro jinetes ochentosos salieron de escena. Pero faltaba algo más.
El escenario armado en el campo del Club Ciudad volvió a vibrar con una balada representativa de la banda: “Home Sweet Home”. Y ahí sí, saludos de por medio y con un Tommy Lee que iba de una punta a la otra del escenario y que parecía no querer irse, se apagaron las luces y la fiesta rockera llegó a su fin.
Mötley Crüe, a pesar de que muchos de los que estaban esa noche temían que la magia del show después de tantos años de espera se viera opacada por la lluvia, había hecho honor a sus casi 30 años de trayectoria, inundando con nostalgia y nuevos acordes la noche de Buenos Aires. Una tormenta de lluvia no fue suficiente para una tempestad de metal.
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14 de Noviembre de 2008 a las 3:00 pm
Que te puedo decir:vos lo dijiste todo………tuve la suerte, creo que Dios me ilumino por haber estado presente. No puedo agregar mas nada…..creo que fue algo supremo.
Saludos