Críticas Muchos comentarios en los post que he escrito inspiran las reflexiones de este artículo. Visitantes ocasionales de La Frecuencia me critican, se enojan, y me insultan cuando escribo algo que no les gusta acerca de su banda preferida. Una de las cosas que me más llama la atención es que estas críticas casi siempre vienen por el lado de reclamarme una opinión objetiva, por recalcarme que lo que digo no es más que mi opinión personal, etc. A todos ellos decirles que, por supuesto que las opiniones vertidas aquí son personales y subjetivas. Y es que es más que sabido que la objetividad no es posible, ni siquiera deseable, ni en el ámbito de las ciencias sociales, ni en el del periodismo, y mucho menos en la crítica musical.

Cuando Sabato escribió aquella crítica al positivismo, en El escritor y sus fantasmas (1963), la imposibilidad de alcanzar la objetividad en el ámbito del pensamiento humanístico era una idea más que difundida.

Cuando se trata de hablar de música no existe otra posibilidad que realizar comentarios INTERESANTES, decir cosas que no se han dicho, escribir “buenas jugadas” sobre esto que tanto amamos y que se puede reducirse a un par de guitarras que pelean entre sí, un extraño sujeto en el bajo y un enérgico amigo en la batería.

Lo peor es que los cometarios en los que se me critica mi falta de objetividad vienen acompañados de frases como “Fulanito es el mejor músico del Universo”, “Los XXX es lo más importante de mi vida y no te atrevas a hablar mal de ellos” y cosas por el estilo… (no sé si notan la contradicción).

Un tema aparte es el cariño que ustedes puedan sentir por sus bandas preferidas, pero no es necesario que me insulten si digo algo que no les guste acerca de ellas, no se lo tomen tan en serio, o no se lo tomen como un ataque personal, y sobretodo, no me den respuestas tan emotivas… en todo caso, alcanza con que me escriban: Pepe, no estoy de acuerdo contigo por tales y cuales razones…

Resumo: hablar de música se trata de decir cosas interesantes, no hay una regla universal donde medir la calidad de un músico, no hay otra posibilidad que decir lo que a uno le parece, la cuestión está en cómo lo decimos (las “buenas jugadas” de las que habla Galeano).