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La piratería y la música
La IFPI (Federación Internacional de la Industria Discográfica) es la organización que representa a la industria de la música a nivel mundial y hace unos días ha difundido las cifras oficiales de ventas de la industria con respecto a 2008. El resultado era previsible: la piratería sigue su avance en forma alarmante con respecto a la venta legal de discos.
Entendámonos, todos sabemos que no tiene sentido ir a una tienda de discos a comprar un CD o DVD cuando se lo puede descargar, bajar, conseguir de mil maneras en la red. A esto sumemos que quienes no tienen acceso a internet, sí tiene amigos, conocidos, etc. que les acercan el material. Y además, las copiadoras de CD y DVD, por no hablar de los Ipod, Mp3 y otros tanto chiches, hace mucho que dejaron de ser una novedad para convertirse en parte de la vida cotidiana.
(También es cierto que existe un mercado negro de personas que se dedican a copiar y vender música pirata).
Y no es que me importe mucho la suerte de “la industria musical”, es decir, de estos señores de corbata que ven a la música como negocio y no como un arte (o que ven al arte como negocio), el problema es que quienes pierden también con la piratería son los músicos. Y no estoy hablando de las grandes estrellas, que facturan de uno u otro modo, sino de todos esos músicos de cada uno de nuestros países de Latinoamérica, por ejemplo, que producen sus discos con gran esfuerzo, poniendo dinero de su bolsillo y que casi siempre se mantiene en la delgada línea entre algunas ganancias y los números rojos…
Claro que, pedirle a la gente, a los adolescentes, a los jóvenes sobretodo que salgan a comprar discos “de forma legal” tampoco es realista, dado el precio que tienen y la cantidad de música que se consume. Curiosamente, me da la impresión, de que quienes siguen comprando discos son aquellos que menos aman a la música, quienes ven en un disco una compra excepcional que se hace cada tanto con el fin de reglar o regalarse. Lo mismo que los superfanáticos que pagan por las ediciones de lujo de sus dioses.
Aquí van algunas cifras para saber de qué estamos hablando: en España las ventas legales descendieron casi un 8 %, registrándose el séptimo año de caída. El resto de Europa presenta un panorama similar en el descenso de las ventas legales. En Estados Unidos, crisis de por medio, el descenso fue de un 30 %. América Latina, curiosamente, está bastante bien posicionada ya que el descenso fue sólo de un 4.7%. Japón es un fenómeno aparte que registró un incremento del 1% en las ventas.
La única luz al final del túnel que se ve, es la de las ventas por descarga digitales que han crecido en todo el mundo (aunque las compañías deben hacer malabarismos para que la gente opte por pagar para escuchar un tema que será de fácil acceso pocos días después). Lo peor el asunto es que estamos en medio del proceso y que nadie sabe a dónde nos conducirá este fenómeno.
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“quienes siguen comprando discos son aquellos que menos aman a la música”
O te comiste alguna palabra, o estás equivocadísimo. Es un error lamentablemente muy común, como no podía ser de otra manera cuando se trata de las masas (la gente): creer que se “ama la música” porque se tiene, Gb de canciones en un ipod o en la PC, todas descargadas ilegalmente por supuesto, y se las escucha todo el tiempo. Está generalizada la idea de que eso es “amar la música”, cuando es precisamente todo lo contrario. El que hace eso es porque no ama la música, sino porque ni le importa, sólo la consume como quien sintoniza una radio FM y escucha lo que sea que salga por los parlantes. Obviamente que esa clase de oyente no va a comprar CDs, porque no le interesa la música. Y no es posible que ame algo que ni siquiera le interesa.
En cambio, el que compra discos sí suele ser el que ama la música. Si no fuera así, no pagaría los precios a los que se suele encontra algunos CDs. Sí ama la música y disfruta tener entre sus manos el soporte físico (el CD con su booklet, etc.) y poner ese CD en su equipo de audio o en el discman; y hasta rippearla y copiarla a su reproductor de mp3 para llevarla consigo… aun en este caso, compró el CD y su intención es llevarse la música consigo y no “compartirla” (¿cómo se puede compartir algo que es ajeno?) a diestra y siniestra.